El otro día una buena amiga me comentaba como pudo observar la influencia de las famosas capas lanzadas en el comportamiento de un niño “esas que actúan de pegamento y nos van describiendo formando nuestra identidad”, en este caso el lugar de lanzamiento fue un colegio.

Las personas no somos conscientes de la importancia que tiene todo aquello que sigue el verbo “ SER”. A partir de ese verbo construimos nuestra personalidad. Como observadora y fan de los 5 súperniñ@s que tengo como sobrinos, mando un mensaje a todas las personas que quieran recibirlo, MAMÁS, PAPÁS, TÍOS y TÍAS, a los PROFES…, y yo me incluyo para seguir entrenando. Podemos expresar y decir lo que queremos siendo especialmente cautos y procurar no hacer comentarios del tipo “ ERES torpe” “ ERES incapaz”… plof capa!. La verdad que somos el número 1 en este tipo de deporte, lanzadores profesionales. …¡Ay que torpe eres, otra vez te has caído! De hecho, competimos a ver quien puede más, Ay si! SIEMPRE tropieza, es que no es NADA habilidoso …, “vengaaa capas”, Y así ese niño volverá a caer otra vez, y otra y otra, se lo acaba creyendo. A veces no somos conscientes de la repercusión que pueden tener las palabras. En estos casos suele ser más recomendable cambiar el verbo SER por otros “ te sientes incapaz” “ has cometido una torpeza”.

Conforme crecemos nos vamos definiendo a nosotros mismos y tomamos información de todas partes, de las personas que tenemos a nuestro alrededor, en casa, en la calle, en el colegio.” Es que yo no sé saltar vallas, ya me decían de pequeño que no ERA habilidoso” Siempre que alguien utiliza el verbo SER en este contexto está lanzando una capa que tenderemos a utilizar en nuestro autoretrato.

Para los que tengan tiempo de seguir leyendo, hoy me despido con un cuento de Jaume Soler y M. Marcè Conangla. APLÍCATE EL CUENTO. Los cuentos, poemas, historias…, son herramientas muy potentes para hacernos un CLICK !!!
SÉ TÚ MISMO

Había una vez, en un lugar y en un tiempo que podría ser aquí y hoy mismo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, pero uno de sus habitantes no participaba de la dicha general: era un árbol que se sentía profundamente triste. El pobre árbol tenía un problema: No sabía quién era.

El manzano le decía: -Lo que te hace falta es concentración, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas, es muy fácil.
El rosal le decía: – No escuches al manzano. Mira, es más sencillo tener rosas, y además, son más bonitas y olorosas que las manzanas.
El pobre árbol desesperado, intentaba concentrarse y ser todo lo que le sugerían, pero no lograba ser como los demás le decían que debía ser y por eso cada vez se sentía más frustrado y desgraciado.
Un día llego hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
– No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. No dediques tu vida, tu esfuerzo, tu energía a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo, y aprende a escuchar tú voz interior.
Y dicho esto, el búho desapareció. “ ¿Mi voz interior? ¿ Ser yo mismo? ¿Conocerme?” – pensaba el árbol, angustiado.
Pero el comentario del búho anido en su corazón. Y el árbol empezó a dejar de prestar oídos a los comentarios de las otras plantas. Aprendió a estar en silencio, tranquilo gozando de los rayos del sol y de las refrescantes hojas de lluvia. Aprendió a disfrutar del canto de los pájaros que anidaban en sus ramas, a dejarse acariciar por el viento que silbaba entre sus hojas. Y, cuando menos lo esperaba y buscaba, un día comprendió. Su corazón se abrió y su voz habló:
– Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano; ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso; dar albergue a las aves; sombra a los viajeros; belleza al paisaje. Tienes una misión, cúmplela.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto fue admirado y respetado por todos, pero lo más importante es que aprendió a respetarse y valorarse a sí mismo.

Y tú, ¿ Quien eres?