Ayer una persona muy especial, me contó humilde y honestamente un poquito de su experiencia de vida.

Me dijo: voy a comenzar haciendo un resumen de los años en los que actué desde la ignorancia.

¿Y cómo se actúa desde la ignorancia?

Cuando tú no eliges, cuando no eres consciente, y vamos guiados por una serie de creencias que nos ha vendido la sociedad. Como por ejemplo el TENER, TENER y TENER ¡!!!

Yo no elegí ser cristiana, tampoco elegí mi profesión, yo amaba la literatura. Pero mi padre insistió en que eso no me iba a dar dinero. Está claro que él quería lo mejor para mí. Así que me matricule en empresariales, nada que ver.

Al finalizar comencé a trabajar en una compañía, donde poco a poco y con mucho esfuerzo fui ascendiendo. Llevaba una vida cargada de trabajo, sólo trabajo. Después de un largo día llegaba a casa, me duchaba, cenaba algo rápido y me desplomaba en el sofá o encendía el portátil para seguir trabajando.

Durante esos años no tuve vida social, mis amigos dejaron de llamarme. Un día por casualidad mientras esperaba en una terraza a un cliente el cual no acudió a la cita, conocí a un chico encantador. Durante esas horas desconecté por completo, perdí la noción del tiempo, lo recuerdo como “ momento feliz”. El chico siguió llamando unas semanas después y yo quería quedar pero nunca encontraba tiempo para él. Así que también dejo de llamarme.

Al llegar a casa una noche después de haber pasado 14 horas en la oficina, cuando ya estaba sentada frente al portátil, me quedé parada mirando la pantalla unos instantes y paso por mi cabeza ese chico, entonces pensé:
¿Qué es lo que estoy haciendo con mi vida? ¿Es la vida que yo quiero llevar?.

¿Estoy siendo feliz con todo lo que TENGO?. Pero realmente, ¿qué tenía? un ascenso y sí, todo lo material, pero si encima no lo disfrutaba.

Así que fue ahí, en ese instante donde comenzó mi búsqueda y mi aventurado viaje.

A día de hoy no culpo a mi padre por guiarme para estudiar empresariales, ya que he asumido mi responsabilidad y he tomado las riendas de mi vida. No es fácil, pero al igual que entrenamos en un gimnasio y vamos poco a poco dándole forma a nuestro cuerpo o nos sacamos una carrera estudiando un año otro año. Asumir la responsabilidad de nuestra vida y actuar desde nuestra esencia y por lo tanto tomar las riendas también requiere entrenamiento. ¿Qué es lo que quiero? ¿Hacía dónde voy ? ¿Para qué estoy aquí?, algunas de estas preguntas fueron el punto de partida, para comenzar a entrenar.

Hoy me siento feliz ya que tengo lo que necesito para serlo. Un trabajo del que disfruto con mi literatura, y me permite disfrutar de mis amigos, familia.

Querida amiga que decir, me quito el sombrero. Simplemente gracias por dejarme plasmar tus palabras, enhorabuena por esa humildad, honestidad con la que me hablaste y sobre todo por ese coraje.

Os dejo este cuento que en su día leí y ayer me regaló mi querida amiga. Gracias !!!.

Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios ATUNES muy grandes. El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo.
El mexicano replicó: – Oh! Sólo un ratito.
Entonces el norteamericano le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces.
El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.
El norteamericano volvió a preguntar: ¿y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?
El mexicano contestó: duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El norteamericano dijo con tono burlón: soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
– Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso?
– De quince a veinte años.
– Y luego ¿qué? – preguntó el mexicano.
El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte: – Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
– ¿Millones, señor? Y luego ¿que? – Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos.
– Bueno, pero eso es lo que hago ahora señor ¿Por qué tengo que esperar veinte años?

Moraleja: No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita

Coaching para jóvenes risoterapia para todos.