El pasado miércoles 9 de Mayo, gracias a la Subdirectora de A.C. y Relaciones Internacionales de la universidad de turismo Carmen Aznárez, tuve la oportunidad de dar una charla a los alumnos de primer curso. Además de hablar de experiencia en el mundo laboral, se habló y debatió de varios temas. Entre ellos la “zona confort”.

¿Qué es la zona de confort o comodidad? El lugar en el que nos sentimos cómodos, seguros y protegidos.

Por ejemplo: Todas las mañanas en la cafetería ves al chico que te gusta, el que estudia en la clase de al lado, pero no te atreves a invitarle a un café o ni siquiera a hablar con él. Lo miras y rozas la barrera de la seguridad para enfrentarte al peligro, pero vuelves a tu zona de confort.

Estamos en clase, y la profesora pregunta si tenemos dudas, pero no levantamos la mano para preguntar. Cantidad de preguntas bombardean nuestra cabeza. Nuestro fiel compañero “ el miedo” nos acompaña a todos los sitios donde podemos exponernos al peligro.

Y nos afirma: Es una pregunta estúpida, se van a reír. Y yo pregunto ¿Y si no lo es? ¿Y qué puede pasar en el peor de los casos?. Muchas de las personas de las que se encuentran en clase tienen las mismas u otras dudas similares.

Si no vamos dando pequeños saltos, nuestra querida zona de confort o comodidad, también va creciendo. Por ejemplo, ya no estamos en clase, situación en el trabajo. Nos molesta que nuestra compañera o jefa, este hablando demasiado alto por el teléfono. En vez de decirle educadamente, si puede bajar un poco el tono de voz, callamos, no conseguimos concentrarnos, resoplamos un día otro día, ¿Y qué conseguimos? Malestar, frustración, impotencia por no expresar. ¿Y qué es lo único que hacemos?. Quejarnos.

Cuando permanecemos en la zona de confort es como si el mundo se aliara para conseguir que todo vaya mal, y así darte la oportunidad de seguir quejándote.

Cuando nos mantenemos en esta zona, se tiende a generalizar “Nunca me sale bien” ¿ Nunca ? No voy a saltar “ siempre” tropiezo. ¿Siempre?

Las personas nos acostumbramos a la rutina, estamos muy cómodos en nuestra zona de confort, de esta manera evitamos exponemos ante el peligro. Pero la gran noticia es que pequeños pasos día a día también pueden convertirse en rutina. Hacer cosas a las que no estamos acostumbrados es lo que nos lleva a aprender y a crecer como personas.

Muchas personas se estancaran en su zona, siendo una desventaja, puesto que no se avanza. Sin embargo las personas que persiguen sus sueños o tienen claro sus objetivos, saben que para lograrlo tienen que romper con sus hábitos, enfrentarse a sus temores, y hacer cosas que jamás pensaron que se atreverían a hacer.

¿Quieres vivir la experiencia de salir de tu zona de confort?

Piensa en algo que nunca hayas hecho y hazlo !!!. Comienza con pequeños pasos.
– Invita a ese chico
– Habla con tu compañera o con tu jefe. Llevas días queriéndolo hacer. No esperes más.

Cuando esos pequeños pasos se convierten en rutina , llegará el momento que siempre busques nuevas experiencias. Esto es como todo, por ejemplo cuando estás acostumbrado a hacer deporte y llevas dos días sin hacer, te sientes mal. Necesitas hacer deporte.

Esta nueva rutina te dará seguridad en ti mismo, y siempre buscarás nuevas experiencias que probar. Cuando te encuentres en este punto evitaras una vida segura, prefiriendo vivir experiencias profundas e intensas.

«El Valor no es la ausencia de Miedo, sino la habilidad de enfrentarse a él».
John Putnam